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Cuando un verdadero diamante es apuntado por un rayo lumínico este proyectará a través de sus múltiples facetas el mismo rayo y de la misma manera, eso sí, el ojo que observe a los otros diamantes cómo reciben esa luz verá que ese rayo lumínico será reflejado de manera distorsionada por los demás diamantes. Entonces, la pregunta es la siguiente: si un verdadero diamante proyecta un rayo lumínico sin distorsión hacia los demás diamantes, ¿qué le sucede al resto que reflejan dicho rayo distorsionado y no verdaderamente como ha de ser?

Un mundo de diamantes

A lo largo de todos los tiempos, nuestro mundo ha sido conocedor de las verdaderas bellezas que habitan en este precioso planeta, verdaderas bellezas de magnitudes exuberantes, incalculables, con un valor mucho más allá de cualquier moneda.

Conseguir encontrar un verdadero diamante en bruto a lo largo y ancho de nuestro planeta no es tarea fácil, pues requerirá de una amplia experiencia y muchos años de verdadero trabajo y tener muy buen ojo que sea capaz de distinguir entre un diamante puro y algo que no lo es, pero que es perceptiblemente igual de parecido que un diamante real.

Un diamante no es cualquier cosa

Los diamantes a lo largo de su creación en la naturaleza, han tenido que recorrer multitud de experiencias para pasar de ser un cristal en bruto a ser un verdadero diamante. Entre muchas de esas experiencias les destaca ser uno de los minerales que han sido formados bajo todo tipo de presiones extremadamente altas, llevándolos a experimentar los mayores extremos de resistencia y dureza que se pueda llegar a experimentar.

Los diamantes, desde su creación, son señalados por la naturaleza para ser el ejemplo de cristalización ante los demás cristales. Estos pasan por procesos que no cualquier cristal está preparado y destinado para transitar en su existencia. Son, ante todo, las conciencias minerales más evolucionadas y dignas de admiración con origen terráqueo que existen entre las miles de consciencias minerales alrededor de todo nuestro mundo.

Un cristal de diamante se va formando a sí mismo por las resistencias y fuerzas que le empujan a ser diamante. Este será capaz de soportar cualquier cosa tras ser forjado ante tal magnitud de situaciones, de ahí su gran valor incalculable y su pura belleza. Aquellos cristales de diamante que no consiguen sacar de sí la mayor fuerza y resistencia requerida a lo largo de su ciclo de creación y formación que necesita, no conseguirán pasar los procesos que les han sido destinados y encomendados y se fragmentarán en mil pedazos una y otra vez.

Somos como un diamante

Todo ser humano, desde que nace, es como un cristal de diamante, está sometido a grandes cantidades de presión y fuerza en todo el transcurso de su vida. Vivimos todo tipo de situaciones que nos van dando forma y forjando, nos pulen y nos dan luz, nos endurecen y dan una resistencia cada vez mayor. Todas las situaciones están creadas por un motivo a lo largo de nuestra existencia para conseguir que seamos un diamante, hacer cristalizar al Ser con nuestra fuerza de voluntad, que es lo que nos hace ser únicos y de un valor y belleza incalculable ante el resto.

No todos en su periodo de vida consiguen cristalizar a su Ser pues es una ardua tarea que no todo el mundo está dispuesto a pasar.

Muchos humanos han pasado por procesos de duelo a lo largo de su vida, desde los más ligeros a los más duros posibles. En estos procesos, gran cantidad de humanos se someten ante las fuerzas de la dualidad y el Ego, y la gran mayoría acaban rindiéndose en las penas, amarguras, dolencias, etcétera. Aquellos que por fuerza de voluntad no se rinden o someten a los devenires de la vida, persiguiendo su propósito inicial para esta vida, sin entrar en la dualidad, usando la fuerza interior que emana de ellos, consiguen con cada situación estar cada vez más cerca de la cristalización del Ser en lo profundo de sus corazones, como el diamante.

Los diamantes tienen muchas facetas, de mil formas distintas, desde veteadas hasta lisas. Cada diamante es de un valor incalculable, de pureza única e irremplazable, por lo que no existen dos diamantes iguales en el mundo. Igual ocurre con los seres humanos. Un humano está formado por miles de facetas o personalidades del Ego, cada una con miles de matices distintos a las demás y con su propia forma. El humano, por ser humano, está señalado para Ser y por su propósito de creación ha de pasar de ser un humano en bruto sin pulir con miles y miles de impurezas del Ego a pasar a ser un Ser Humano totalmente cristalizado, sin impurezas de cualquier tipo, quitando las formas, facetas o personalidades no naturales del Ego del verdadero Diamante Humano o Ser Humano en potencia que es.

La distorsión de la luz del Ser

Un cristal de diamante puro siempre será un diamante en bruto, lo mismo ocurre con el Ser Humano, que aun recién nacido siempre será un Ser en bruto.

A lo largo de nuestra vida, el mundo que nos rodea nos presiona y ejerce en nosotros fuerzas externas que nos van moldeando y haciéndonos crecer de determinada manera. Algunos crecen y se desarrollan en entornos de gran presión, con diversa variedad de experiencias conflictivas, sean guerras, precariedad, agresiones de todo tipo… Otros, por el contrario, crecen y se desarrollan en entornos de gran abundancia, con menor presión y más facilidades. Y muy pocos, por el contrario, viven diariamente en una vida dual completa, en la que los eventos y situaciones pasan de un instante a otro de ser tremendamente positivos a lo más negativo que se pueda vivir.

En el proceso de forjarse un verdadero Ser Humano, el humano pasará por situaciones muy duales, con mayor o menor intensidad, de toma de decisiones muy importantes y con experiencias de gran presión sobre la personalidad, que en muchos casos, por las grandes fuerzas abruptas sobre sí, si no se posee de una gran fuerza de voluntad y un propósito de auto transcenderse a uno mismo para Ser, poniendo autobservación a todo aquello que ocurre, la propia personalidad artificial egoica del humano se verá aún más fragmentada en cientos y miles de nuevas facetas o yoes en la personalidad, cada vez más corrompido por los demonios internos, alejándose así mucho más de quien verdaderamente es, la luz del amor y la consciencia que reside en él, la cristalización del Ser.

Un humano corrompido en su personalidad cada vez más por el Ego deja de Ser Humano gradualmente pasando a no ser, comenzando así los comportamientos fríos, insensibles, controladores, egocéntricos y un largo etcétera, que dañan sin corazón ni arrepentimiento a los demás, sin ningún tipo de empatía o compasión. Se vuelven dañinos, encarcelan a su Ser para toda la vida y cuesta mucho que el Ser vuelva a salir de aquel encierro al que le sometieron sin ningún tipo de valor. Estos dejan de estar conectados a quienes son y pierden el rumbo de sus vidas, ya no hay corazón en ellos, sea mediante actos o palabras, solo un vacío gélido y cortante, tan frío como la muerte cuando los miras a los ojos. Ya nos son humanos.

Estos pasan a ser personas, controladas por sombras y entes negativos que les manipulan sin dificultad, pues perdieron su luz, abandonaron a su Ser y alma y dejaron atrás su propia humanidad por no querer realizar el trabajo que se les encomendó. Ya no existe ningún propósito en la vida de estas personas, solo sobrevivir. Se convierten en diamantes falsos, muy parecidos a los diamantes de verdad, pero con la diferencia de que los diamantes que han cristalizado naturalmente al Ser reflejan correctamente la luz de sus Seres y los que no lo son o no quieren serlo, de por sí, no reciben dicha luz, se desconectan de su naturaleza. Además, si son alcanzados por la luz de estos otros diamantes, solamente la distorsionarán y ensuciarán de mil formas distintas, la corromperán y manipularán, proyectándosela a los demás diamantes que le rodeen y llenándolos de miedos, dolor…

Conseguir Ser diamante

El trabajo y funciones a realizar para conseguir Ser quien verdaderamente se es, pasa por un trabajo constante y permanente de autobservación diaria. Esto es esencial, realizar, sin ningún tipo de resistencias, todo tipo de servicios o ayuda al prójimo al igual que a uno mismo, como puede ser meditar, respetarse a uno mismo como a los demás, dejar atrás los vicios y deseos, pues estos nos corrompen nuestra pureza de Ser y nos ennegrecen lentamente. Y, sobre todo, entre muchas cosas más, sanar diariamente, de la manera que se pueda o necesite y con la fuerza de voluntad que se requiera, todo aquello que el mundo exterior nos ha moldeado y generado, aceptar y perdonarnos de todas aquellas cosas que hayamos hecho a los demás o a nosotros mismos, ser conscientes de las ideas, creencias y pensamientos externos que en verdad son dañinas para nosotros y para el resto y que solo nos generan impurezas en nuestra verdadera esencia.

Para saber si el camino que estamos tomando es el más alineado, siempre se deberán observar las acciones antes de ejecutarlas y el resultado que pueden llegar a dar verdaderamente. Si en el final del proceso el resultado es negativo y alguien sufre, entonces no es alineado, pues no hay amor real en lo que se hace. Si, por el contrario, el proceso desde el inicio hasta el fin sale bien sin que nadie sufra, entonces estará alineado y será una acción de Ser, pues se habrá obrado desde el amor desconsiderado.

Nunca se ha de olvidar: los rayos de luz de un verdadero diamante serán siempre iridiscentes y transmitirán verdadero amor; por el contrario, en un diamante falso jamás habrá ningún tipo de rayo de luz natural, solo aquellos externos que reciba de otros diamantes reales y que corromperá sin amor proyectándolos hacia los demás.

«Jamás podremos poner valor al amor de un verdadero Ser Humano, pues siempre será único e irremplazable».