El Letargo

El Letargo

21 de septiembre de 2020

¿Alguna vez las personas se han preguntado si las cosas que han hecho, dicho o simplemente realizado en la vida han sido dirigidas por sí mismas? O, por el contrario, ¿ha sido dirigida por los demás?

Para mí fue todo un reto el hacerme consciente de que no controlaba mi vida hasta que me di cuenta de ello. El sistema y la sociedad siempre actuaba a través de mí. Dirigía mis días y rutinas, en un constante “modo automático”. ¿Y la consciencia? La consciencia siempre estaba en papel secundario, en segundo plano…

El trazo del pensamiento, día a día, siempre crea en mí preguntas cada vez que me cruzo por la calle con personas: ¿andan conscientes?, ¿por qué lo hacen? ¿Solamente son conscientes hacia donde están yendo? ¿Sus destinos son guiados por ellos mismos o es el sistema quien les corrompe y les guía a un triste fin?

Mi día a día antes era tal y como es el de gran parte de las personas, aunque guiado siempre por el corazón sabio y no por sus emociones descontroladas. Siempre con la sensación de repetir un juego del que no podía salir. Más adelante, con el paso del tiempo, me he ido dando cuenta de que una parte interna mía me fue guiando por senderos y remansos. Es la voz de la consciencia interna que guiaba mi destino, el caminar y el acto. La voz de mis latidos generando un destino entre amor y consciencia que no llega a su fin.

—¿Cargos de conciencia? Hace mucho se desvanecieron en el tiempo.

—¿Culpa? Ya dejó de existir.

—¿El miedo? Desapareció.

Cuando la vida está marcada por estos pasos, son claros los ejemplos de un camino desatado sin consciencia, el ya tan conocido por sus muertes, delirios y guerras.

Al hacerme consciente de que iba siendo consciente, la consciencia surgió en mí como un respiro de aire fresco después de tanto tiempo. Como surgir entre tanto barro, salir de entre las aguas y brotar un loto blanco que por fin respira la vida en paz.

Las experiencias son cada vez más vívidas, más plenas y la sensación de darte cuenta de todo hasta de cómo funciona esos automatismos, que antes no eras capaz de darte cuenta ni controlar, son un gozo en el alma como nunca antes lo habías sentido, ya que eres consciente, ahora más que nunca, de las emociones, del cómo las vives, las sientes y las experimentas.

El vivir cada día por fin con los pies guiados en cada paso por la autobservación y que el “yo observador”, “yo interno” o “voz de la consciencia” que todo el mundo tenemos nos guíe, es por fin la liberación de uno mismo y de las cadenas de ese sistema que maneja nuestras vidas, nos dice cómo vivirla y cómo debemos ser.

El sentimiento de ser plenamente consciente de casi todo lo que haces, dices o piensas, es puramente vivir por fin, llegando así a un largo camino de vida por recorrer.

No he de olvidar recordar a las personas lo que aún les queda por vivir y lo triste que es ver en millones de ellas, que vivieron el letargo en vida, que en sus últimos momentos se den cuenta de lo que verdaderamente importa en la misma cuando apenas ya no les queda nada por vivir. Pero más triste siempre será ver que, al irse por fin, en sus lápidas les escriban «descanse en paz», lo que significa que nunca ese loto blanco encontró la paz en vida, solo cuando llegó su fin.

Animaré a todo el mundo a que intente miles de veces ser conscientes de todos los momentos en vida que se están perdiendo y desaprovechando por no estar conscientes, porque en cada uno de ellos, la paz está con ellos. Porque al ser consciente de todo aquello que se hace, nunca habrá un cargo de consciencia, solamente una vida en paz…

—¿Eres feliz caminando? —Así al final te preguntabas—

—Y tu respuesta, más sincera: «si camino yo hacia el alba, mis pies me acompañan, el corazón no me abandona y el interior nunca me falta».