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Desde el punto de vista de las ciencias, la energía, al igual que la masa, es una magnitud o una cualidad de un sistema físico (es decir, un conjunto de elementos, objetos y entidades materiales conectados entre sí) que puede medirse y manifestarse de muchas maneras (cinética, potencial, mecánica, eléctrica, lumínica, térmica, química, nuclear, etc.) También se usa el término energía para designar un recurso natural y sus maneras de extraerlo (solar, eólica, hidráulica, geotérmica, etc.)

Uno de los principios fundamentales de la física es el llamado principio de conservación de la energía, según el cual «la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma». En este sentido, la energía es una cualidad relacionada con los aspectos de movimiento, transformación, intercambio e interacción. Por ejemplo, cuando se tira una piedra a un estanque, se producen ondas concéntricas. Estas ondas propagan energía. La energía, en este ejemplo, procede del impacto que produce la piedra al caer sobre el agua, y esta, a su vez, del impulso, la fuerza y la intensidad con la que la persona ha arrojado la piedra al agua. La energía es la misma, solo que se ha transformado y ha pasado de un medio a otro, sin existir pérdida de la misma.

Todo este conocimiento es válido y correcto, pero solo hasta cierto punto, pues revela algunos aspectos sobre el funcionamiento de la energía en nuestra realidad, pero no explica en absoluto qué es ni cómo funciona realmente la energía, solo nos muestra cómo se manifiesta en nuestra realidad y de qué maneras se presenta ante nosotros. Fuera de este plano físico o “caja 3D” –vamos a decirlo así de momento– la realidad funciona de manera muy distinta, pues no se rige por parámetros tridimensionales, sino cuánticos y multidimensionales.  

Si nos adentramos más a fondo, desde un punto de vista metafísico, la energía es algo mucho más profundo. No es nuestra intención en este artículo explicar qué es verdaderamente la energía, ya que en absoluto es algo sencillo de definir –y menos en un solo artículo–, pues aún nos falta mucho conocimiento para entender su verdadera naturaleza y complejidad, pero sí mostrar su trascendencia, importancia y magnitud.

Para empezar, diremos, sin entrar aún en detalles, que la energía es un componente primario y esencial de la Creación, uno de sus pilares fundamentales, presente en todos y cada uno de los elementos que la componen.

En el artículo anterior, vimos cómo, tras los múltiples experimentos e investigaciones que se hicieron a lo largo del siglo XX en el campo de la física cuántica, se “descubrió” que la materia o, mejor dicho, los componentes fundamentales que forman la materia, las (mal) llamadas partículas elementales, son pura energía.

El conocimiento científico actual sobre la composición última de la realidad se encuentra –como dirían en su jerga– a años luz de la verdad, pues aún no han despegado de la superficie terrestre y material. No obstante, sus incipientes descubrimientos ya nos ponen en la pista y se acercan, aunque apenas sea rozándola, a la verdadera naturaleza de todo lo que existe.

Si toda la materia que conocemos está compuesta por estas formas de energía que llamamos partículas, es fácil deducir que, en esencia, toda la materia es energía. Sin embargo, no toda la energía es material, aunque tenga la capacidad de generar materia.

En este sentido, podríamos denominar a la materia –a falta de mejor término– como “energía material” o “energía física”. ¿Qué queremos decir con esto? Que lo que conocemos como “materia” podría considerarse, en realidad, un estado de la energía.

De igual modo que la materia se manifiesta y estructura en diferentes estados (sólido, líquido, gaseoso, plasmático, etc.) según la composición de su estructura molecular y atómica, la energía también se manifiesta en distintos estados, siendo la materia uno de ellos. El estado sólido es a la materia lo que el “estado materia” a la energía, es decir, al igual que el estado sólido es el de mayor compactación material, pues sus moléculas están muy unidas entre sí, el “estado materia” es el de mayor compactación o condensación energética. Por lo tanto, materia es energía en su estado más denso.

En Multidimensionalidad (III): Niveles y Estructuras de la Creación vimos que, siguiendo una estructura fractal, todo lo que existe en la Creación se organiza por octavas, en patrones y series de siete niveles, planos o esferas multidimensionales y, para verlo a detalle, nos centramos en la estructura multidimensional de la Tierra. Como dijimos en ese momento, la Tierra está formada por siete macro planos, que se subdividen a su vez en otros siete, dando un total de 49. Todos estos niveles están compuestos por energía y solo uno de ellos, el plano físico 1.1, es el que nosotros consideraríamos material y tangible, pero como hemos explicado anteriormente, lo que conocemos como “materia” en realidad es un estado de la energía, por lo que no nos equivocamos al afirmar que dicho plano, aunque nos parezca “físico” y “material”, también está compuesto por energía, la energía en su estado más denso.

De este modo, si simplemente nos centramos en la estructura multidimensional de la Tierra, sin tener en cuenta el resto de planos y niveles superiores de la Creación, que existen “por encima” del plano espiritual superior de la Tierra, vemos que existen innumerables tipos de energía y multitud de estados, formas o configuraciones en los que la energía puede presentarse. Así, tenemos lo que podríamos denominar “energía material o física”, “energía etérica”, “energía astral”, “energía mental”, “energía causal” y un largo etcétera de otros estados y configuraciones en las que la energía puede existir, en otros niveles y planos superiores de la Creación, que son completamente desconocidas para nosotros y que, probablemente, estén fuera de nuestro rango de comprensión. Todos estos planos y niveles podrían considerarse “inmateriales”, ya que se componen puramente de energía en diferentes estados.

Esto significa que todo, desde la más sólida y pequeña de las rocas hasta la estructura más compleja e inconmensurable de la Creación, está formado por energía. 

Todo es energía, en diferentes estados, con diferentes características y propiedades y a diferentes niveles de vibración, frecuencia y existencia. Nada existiría sin ella, pues todo, absolutamente todo, está formado por ella.