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11 de noviembre de 2020

Día lluvioso en este otoñal ocaso…

Sentado de manera relajada sobre una silla frente al escritorio, me dispongo a meditar. La luz es tenue y acogedora, invita a que cierres los ojos…

Han pasado unos días desde el último encuentro entre mi Yo Superior y yo. El silencio se acentúa y los sentidos despiertan. Se agudizan mis oídos percibiendo el ruido enfermizo y ajetreado mundo tras las persianas bajadas de mi ventana. Puedo sentir la cálida humedad del ambiente en mi nariz y las vibraciones descontroladas de los automóviles en la planta de mis pies. Todo se encuentra magnificado y he de apaciguar tan descontrolado caos. Sirvieron varias respiraciones para entran en estado meditativo.

Un cómodo silencio interno se expande por toda la estancia. Dejo posar la atención en la zona torácica, escuchando con calma los latidos del corazón, su pulso y fuerza. Ahora, bajo mi atención a la planta de los pies; siento el calor que irradian y comienzo a visualizar sus chakras en su contrapartida energética. Visualizo como de las palmas de mis pies emanan y crecen raíces de luz hacia el núcleo del planeta. A medida que son cada vez más grandes y profundas, la sensación de recarga energética en mí es cada vez mayor. Por último, me enfoco en la zona coronal de mi cabeza, a la par que en mis pies. En la corona, visualizo cómo mi séptimo chakra está conectado a mi cordón dorado o línea del Hara. Visualizo como el cordón dorado se va ensanchando y envolviéndome en su totalidad. El cordón acaba convirtiéndose en un tubo de luz, que de altura es bastante largo. Ya es el momento de ascender dentro de él.

Para poder ascender dentro del cordón debo estar en un estado de relajación profundo y despegarme por un rato del cuerpo. La sensación de desapego del cuerpo es muy agradable, como soltar un gran peso de encima. Subiendo unos metros más arriba, veo dentro del tubo una puerta de luz abierta. Me encuentro ahora frente a ella y la luz que sale de dentro es inmensa, radiante; solo tarda un instante en envolverme. Al acceder dentro, me vuelvo a encontrar con él, mi Yo Superior. Me estaba esperando allí desde entonces.

Mientras estuve allí con él, estuvo enseñándome la importancia de la meditación diaria y sus múltiples beneficios, narrándome en base a esta cómo otras culturas llegaban a estos estados para aumentar su consciencia, expandir sus conocimientos sobre el mundo, aumentar su longevidad y sanar. Un rato después, como un haz de luz enorme e incandescente, a mano izquierda y en menos de un instante, mi grupo de guías se presentó allí.

Después de hablar un buen rato, me dispuse a despedirme de todos mis guías y de mi Yo Superior con un abrazo hasta el día siguiente. En el abrazo con mi Yo Superior pude sentir cómo en mi cuerpo se expandía la zona torácica y los latidos del corazón aumentaban en fuerza y pulso. Me estaba liberando de carga emocional. Por otra parte, en todo el cuerpo, de cabeza a pies, me recorrió en cascada una gran corriente energética. Sentí un amor inmenso, agradecimiento y mucha admiración de su parte. No pude evitar emocionarme y acabé sonriendo en la meditación. Me encontraba en casa, más vivo que nunca.

Pasados unos minutos, ya regresado y aún relajado, me dispongo a sentir poco a poco el cuerpo de nuevo, cuando, en medio del silencio mental brota una melodía y tras ella, segundos después, mi Yo Superior comienza a cantarme lo que parece un párrafo de una canción:  

…respira y hazte consciente, que aquí en el presente todo está pleno.

Observa, observa tranquilo, observa sin juicio.

Ya es hora, ya es hora, de mirar por dentro, ya sin más demora.

Respira, respira muy lento, sintiendo tu aliento como alimento.

Alimento, que nutre tu alma y llena de esencia todas tus entrañas…

Inspira, llénate de vida, expira, cierra tus heridas.

Expira, suelta tu miedo, respira y alarga la vida…

Tan bella melodía siguió sonando unos segundos dentro de mí, para que se quedara grabado ese instante por siempre en mi memoria.

De nuevo, mi Yo Superior me habla y deja este mensaje:

“Nunca lo olvides, siempre estoy aquí. Si por un instante el bullicio de tu alrededor no te deja vivir, solo cierra tus ojos, respira y verás a través de los míos.”

En ese momento, todo cobró sentido para mí y al final de un pleno silencio, solo quedo Ilusión y Vida.

18 de noviembre de 2020

El mundo entero necesita reconciliarse y conectar consigo mismo, transformar su caos y miedos internos en paz y fuerza interior, convertirse en un mundo nuevo que dentro de sí se encuentra en Paz, la cual, en estos días se necesita.

El mensaje fue claro: la Vida con Miedo, no es Vida.

Reencontrémonos con nosotros mismos; veremos que, con un gesto de Voluntad, los miedos desaparecerán.

Dentro de cada uno de nosotros existe un verdadero mundo a la espera de que un día crucemos esa puerta abierta y comencemos a vivir.