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Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vi el Sol Negro…

Aún era infante cuando vi jugando dentro de una de las cuevas, en las laderas de las Colinas del Viento, las figuras rupestres de tribus señalando y otras danzando al ritmo de mantras sagrados bajo el símbolo del Sol Negro.

Recuerdo felizmente las cálidas puestas de sol que daban paso al anochecer contemplando cuan indómita era la ardiente llama de la hoguera en la que todos nos reuníamos realizando un círculo concéntrico alrededor de la misma para escuchar las obras e historias que nuestra anciana Kumara nos contaba cada atardecer acerca de nuestros hermanos venidos de allende y de aquello que nos dejaron aquí. Cuando el Sol se escondía, nos enseñaba a mirar el firmamento, admirar su luz y conocer nuestros orígenes y los nombres de los Logos que moraban en cada estrella de los mundos que nos rodeaban fuera de aquí. Ella fue elegida por ellos e instruida en cosmología del universo para transgredir e infundir dichos conocimientos a las futuras generaciones a las que yo pertenezco.

Como cada tarde, todos nos íbamos juntando por las calles y caminos para ir subiendo hacia el monte sagrado de Ul, donde se encontraba la espiral de piedra, en cuyo centro se hallaba la hoguera blanca, donde nos reuníamos y esperábamos sentados a Kumara a la salida de su acogedora caseta en el monte de Ul. En aquel lugar crecían todo tipo de plantas medicinales y flores exóticas alrededor del surco de las piedras de la espiral hasta la hoguera y por toda la zona de aquel lugar, pero todas convergían en aquella figura sagrada. Aquel lugar estaba repleto de vida y pequeña fauna que brincaba sobrevolando el lugar, como luciérnagas, mariposas y otro tipo de insectos que nos rodeaba cada puesta de sol. En el monte, cuando los rayos del sol morían, las estrellas surgían del suelo, entre nosotros y a nuestro alrededor; algunas de ellas a nuestra vera, otras se posaban en nuestras manos. Todo cobraba magia y luz en aquel espacio.

En el momento en que Kumara salía de su caseta, muchas de aquellas chispas de luz e insectos iban hacia ella revoloteando a su alrededor y otras en sus ropajes se posaban formando símbolos sagrados de luz. Cuando aquello ocurría, era el momento de levantarnos, unir nuestras manos y hacer nuestros cánticos en honor, devoción y agradecimiento al Logos de nuestro planeta, Kumar. Todos cantábamos unidos, éramos una misma voz unidos a nuestra madre Kumar. La anciana Kumara, mientras se acercaba a la espiral, alzaba su brazo derecho apuntando al firmamento agitando su cetro, en el que llevaba una maraca, y comenzaba el canto sagrado conocido por todo el universo, utilizado por todos los seres que habitan en él como saludo y llamada a todos los demás, como refuerzo en la memoria de que todos en el universo somos hermanos, tenemos la misma luz dentro y nos une una misma voz, para seguir manteniendo limpio y vivo el vínculo sagrado que a todos se nos concedió y nos une con la Fuente que nos dio a luz.

Tras este cántico ancestral, Kumara, ubicada en el centro de la espiral, realizaba una danza celeste alrededor de la hoguera prendiendo su antorcha ritualizada para atraer a los elementales de la naturaleza del lugar, para que ayudasen a encender el corazón de la llama que posaría sobre la sagrada hoguera blanca, que confluía en un punto energético o meridiano muy señalado del planeta y que conectaba nuestro mundo con el corazón de la misma Fuente que dio luz a todos y, a su vez, con los demás astros, mundos y múltiples universos que existían en ella.

Con esta danza y cánticos sagrados que realizamos, Kumara dejaba posar la cabeza de la antorcha, guiada junto con las manos de aquellos elementales que le acompañaban, sobre la hoguera blanca, iniciando así con la primera llama blanca la siguiente formación e instrucción de todo aquello que existe y somos y el refuerzo del vínculo que nos une con nuestro logos planetario, nuestros hermanos de allende y el corazón de nuestro universo y la Fuente.

Ya con la hoguera blanca encendida que unía todo e iluminaba la espiral de piedras que la rodeaba, los elementales nos rodeaban en gratitud a todos los que estábamos allí dentro, protegiéndonos e irradiando energía hacia nosotros. Tras ello, Kumara y todos nosotros nos sentábamos en esas piedras y Kumara daba por iniciada esa nueva reunión.

Siempre quería escuchar todo aquello que nos enseñaba nuestra amada Kumara, tanto que me intentaba colocar lo más cerca de ella para poder ver cada gesto que hacía acompañado de su tierna y anciana voz. Kumara esa noche nos explicó que donde se había puesto el sol, aunque nosotros no lo viésemos, el Sol seguía irradiando su luz blanca en otras zonas de nuestro planeta. Nos enseñó el significado del Sol Negro y lo que simbolizaba para nuestros antepasados. Parece que aún recuerdo su cálida voz explicándonoslo:

El Sol Negro es uno de los símbolos más sagrados que existen en el universo, conocido a su vez por nuestros antepasados. El círculo central del Sol Negro simboliza el vientre de la Fuente y su creación dentro del mismo en proceso de ser proyectado y a su vez ya manifestado. Los doce rayos que le rodean, unidos al círculo central, son doce generadores de vida, como es la propia Fuente y todos nosotros, para que la misma Fuente siga expandiéndose, creciendo, experimentándose y evolucionando haciendo crecer así aun más su propia creación.”

Nos explicó que antes de la existencia de todo no existía nada, simplemente el Vacío del Todo. Nos contó el por qué desde un principio el Sol Negro nunca fue blanco, pues el blanco simboliza la concentración de todo lo que existe y es por eso que el color de este símbolo es negro, ya que el negro es la ausencia de todo. Con el transcurso de la existencia todo fue cobrando luz y comenzó a iluminarse en creación el vientre de la Fuente entre la nada del vacío.

Kumara nos enseñó también que para conocer y entender en profundidad el significado de lo que simboliza el Sol Negro primero debíamos aprender y conocer el significado del símbolo de la esvástica, pues es parte esencial de todo y la Fuente. Aprendiendo y conociendo correctamente lo que simboliza y significa podríamos comprender y entender el significado y simbología del Sol Negro. 

Terminado todo aquello que nos enseñó Kumara y más de todo lo aprendido esa noche y aún no escrito, oculto para las páginas de mi diario, dejaré en última instancia para el recuerdo, que todos los allí presentes iniciamos los cánticos de unos mantras sagrados para dar por concluido lo aprendido aquella noche y cerrar así, usando la magia creada por la voz de todos, todo lo aprendido para nunca olvidarlo. Al finalizar el encuentro de esa noche y asentar todo lo aprendido, todos nosotros nos levantamos y agradecimos: a Kumara por su trabajo, a nuestros hermanos, a nuestros hermanos de allende y a nuestra Fuente todo lo aprendido y vivido aquel día. Kumara finalizó la sesión dibujando con el agua ritualizada de su cuenco el símbolo del Sol Negro sobre la llama blanca, apagándola así sin romper el vínculo hasta el día siguiente y dejándonos a todos envueltos en la oscuridad luminosa del monte de Ul, irradiado desde arriba por el firmamento de nuestro universo.