Mar de Fueguitos

Mar de Fueguitos

12 de septiembre de 2020

Preciosa simbiosis la del agua y el fuego, generando energía que precisa el hombre para empezar el día…

Dichos elementos van siempre de la mano, como amigos o hermanos, nunca confrontados. A veces precisan fundirse en el hombre y encender la chispa divina, que con ella se trasmuta la pena insoportable o la ira más dañina.

Parándome a pensar, ¿qué somos sino agua en movimiento cada día, caminando por la calle, paseando por un parque o recorriendo los surcos de la vida? ¿Qué somos sino fuego ardiente que prende aquello que toca y que siente intensamente?

No intentemos separar en nosotros aquello que somos y nos da energía, que calienta nuestra sangre y circula dando vida. Los condicionantes sociales, familiares o amistades siempre diciéndonos qué ser y qué no ser, separando agua y fuego, generándonos caos y miedo, destrozándonos por dentro, como si un huracán nos arrasara mar adentro apagando nuestro fuego.

Este fuego comúnmente lo conocen como “sombra”, dándonos rechazo y miedo, pero no atendamos a la gente, ya que vacías son sus almas y oscura es su mente. Denominar “sombra” a aquello que es incandescente es lo opuesto al amor, como si algo malo fuese, lo que somos realmente. ¿Por qué se hace esto la gente? ¿Es que tienen tanto miedo? ¿Miedo a no ser aceptados socialmente? ¿A no ser queridos por sus padres, hermanos o amigos? Pero, ¿tanto miedo para qué? Es absurdo ¿no lo es?

Cada día reflexiono sobre ello, sin temor al fuego interno, que me guía por los lares de quien soy, escondido en las sombras de mis adentros, encendiendo miles de antorchas y prendiendo lo inconsciente en fuego interno. Es mi naturaleza, es quien soy en mis adentros, como llama latiente que ilumina al agua del inconsciente generando un mar de fuego.

Cada día más cerca de la simbiosis, que nos define como mar de fuego, en armonía y ardientes. Somos seres humanos, llenos de mares de fuego, que no es más, como siempre, lo que somos realmente.

El agua es lo que somos y el fuego quienes somos. Con el agua nos limpiamos y con el fuego trasmutamos. Como me enseñó Galeano: «A veces fuegos bobos que ni alumbran ni queman y otras veces fuegos ardientes que con pasión a quien se acerca enciende».

Para no olvidarme de quién soy, me dejaré su escrito, para que cada día que lo lea me recuerde realmente:

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta contó lo que presenció. Dijo que había contemplado, desde arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

—El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

Ayudaré a todo aquel que pueda a encender su fuego interno para que este mundo vuelva a recuperar el calor humano que necesita.