Multidimensionalidad (IV): La Tierra, un Planeta Multirealidad

Multidimensionalidad (IV): La Tierra, un Planeta Multirealidad

Acerca de la multidimensionalidad de la existencia se podrían escribir enciclopedias y volúmenes enteros y no rozar ni una ínfima parte de la información y el conocimiento sobre la misma. El solo hecho de tratar de comprender la estructura multidimensional de nuestro planeta es ya todo un reto por sí mismo, pues alcanza un grado de complejidad muy elevado para nuestra mente, programada para procesar y analizar los paquetes de datos y la información de manera limitada, tridimensional, lineal y estanca.

En el anterior artículo ya explicamos, de manera genérica, cómo se estructura y organiza la Creación en octavas o agrupaciones de siete niveles y cómo ese mismo patrón se manifiesta, a una escala menor y de manera fractal, en la estructura multidimensional del planeta Tierra. Si el hecho de que la Tierra sea un planeta “multicapa”, compuesto por múltiples niveles y sub-niveles, ya nos proporciona una ligera idea sobre la complejidad del mismo, multiplicar la misma por 16 nos da una idea aún más precisa y exacta sobre su verdadera complejidad y naturaleza.

Desde el punto de vista geológico y astronómico, que es el que se enseña exclusivamente en las escuelas y centros educativos de manera oficial y el que, por imposición, conoce la mayoría de seres humanos, la Tierra es un planeta terrestre o rocoso, con una masa cercana a los seis cuatrillones de kilos, siendo el planeta más denso del Sistema Solar, y compuesto principalmente por tres capas esféricas internas (corteza, manto, núcleo) y una capa externa (atmósfera). Sin embargo, desde el punto de vista de las “ciencias de horizonte”, que son las verdaderas y las que se usan y conocen fuera de esta realidad, esto solo forma parte del nivel 1.1 de la estructura multidimensional del planeta.

Lo que conocemos usualmente como “planeta Tierra”, la Tierra que se percibe desde el espacio, la que estamos acostumbrados a ver y siempre nos han mostrado en fotografías, ilustraciones, documentales, etcétera, en realidad no es “una Tierra”, sino que son 16. Esto quiere decir que el planeta, en su conjunto, además de la estructura de siete niveles que explicamos, está formado por 16 realidades paralelas, literalmente por «16 Tierras” distintas, entrelazadas y conectadas entre sí, pero a niveles frecuenciales muy distintos para que no se interfieran ni se “mezclen”, de las que solo percibimos una, que es la Tierra o la realidad a la que estamos conectados, donde han transcurrido todas las experiencias de nuestra vida y desde la que está escrita y estás leyendo este artículo. Todo lo que a priori “conocemos” sobre la Tierra, la historia que nos han enseñado en los colegios durante siglos, solo es válida para esta realidad, para esta Tierra a la que estamos conectados, pero no lo es para ninguna de las otras quince (que son tan reales como esta y existen simultáneamente, aunque no las podamos percibir o interactuar con ellas), pues en cada una de ellas los acontecimientos han sucedido de manera distinta, los personajes y escenarios han sido otros, los eventos no han sido los mismos, etcétera.

Ahora bien, cada una de estas «16 Tierras” o realidades paralelas tienen el mismo aspecto que la Tierra que conocemos, tienen sus propios continentes, su propia flora y fauna, su propia humanidad, su propia línea temporal de eventos y sucesos, sus propias organizaciones sociales y culturales y, a nivel energético, sus propios planos, niveles y estructuras multidimensionales. Tienen, por lo tanto, absolutamente todas las estructuras, componentes y elementos que existen y conocemos en la que hasta ahora creíamos que era la única Tierra, pero que en realidad solo es una de las quince que forman el gran “puzle” multidimensional y “multirealidad” del planeta del que formamos parte. Todas ellas, en su conjunto y de manera global, forman realmente lo que podríamos considerar y denominar, esta vez sí, nuestro planeta: Gea

Con esto en mente, sumado a las explicaciones del artículo anterior, ya podemos proceder a detallar con más precisión y exactitud la estructura energética y multidimensional de la Tierra.

Cada una de las dieciséis realidades tiene su propia estructura física, su propia estructura etérica y su propia estructura mental, es decir, los tres planos o niveles inferiores, con sus respectivas subdivisiones, son «locales», individuales y propios de cada realidad. Esto es así porque en cada una de ellas existen procesos, eventos, escenarios y elementos diferentes, que requieren de una estructura propia para poder funcionar, ejecutarse y manifestarse adecuadamente.

Representación gráfica de una de las 16 realidades paralelas

Sin embargo, todas ellas, aunque tengan sus propias estructuras mentales “locales”, comparten un plano mental “global” que une e interconecta a todas las realidades entre sí a nivel mental, siendo este el primer nexo de unión entre las realidades planetarias.

Representación gráfica de las 16 realidades paralelas interconectadas entre sí, contenidas dentro del plano mental «global » planetario

A partir del plano causal no existen separaciones entre planos, sino que son los mismos para las 16 realidades.

Por su parte, el sustrato astral interpenetra todos los planos y niveles, tanto los «locales» o propios de cada realidad como los comunes.

De este modo, la estructura multidimensional completa de Gea, solo con los siete niveles principales, sin sub-divisiones, y con las dieciséis realidades paralelas, sería algo así:

Representación gráfica de la estructura multidimensional del planeta Tierra, con sus 16 realidades físicas, etéricas y “mentales locales” entrelazadas y sus niveles “mental global”, causal, etérico superior, mental superior y espiritual superior comunes y compartidos para las 16 realidades.

La base teórica y metafísica para comprender cómo todo esto es posible aún está lejos de nuestro entendimiento, pero tiene que ver con el número de combinaciones y configuraciones posibles en la orientación de los ejes o coordenadas de las dimensiones espacio-temporales existentes en el plano físico de la Tierra. Esto significa que las cuatro dimensiones que componen nuestra realidad (las tres dimensiones espaciales, más la cuarta dimensión, que conocemos como tiempo) se pueden configurar u orientar de dieciséis maneras distintas (4×4), dando lugar a dieciséis realidades completamente diferentes, con configuraciones, sucesos y eventos distintos entre ellas.

Con ello, ya tenemos una idea general y un esquema básico de la estructura multidimensional del planeta Tierra (entendido como el conjunto de las 16 realidades cohesionadas, con sus respectivas estructuras y planos energéticos) y damos por finalizada esta serie de artículos introductorios sobre la multidimensionalidad.

NOTA: El ser humano, en líneas generales, como nunca se ha conocido a sí mismo en profundidad, tampoco ha podido llegar a conocer en su totalidad y complejidad el planeta del que forma parte. Comprender lo que hemos publicado en este artículo, así como, en general, en la serie de artículos sobre la multidimensionalidad y en los que están por venir, implica y conlleva cierta «apertura de miras», ya que toda esta información puede hacer tambalear los “cimientos” de lo que hasta ahora creíamos que era cierto. La mente –que no el cerebro– está programada para procesar la información de manera limitada, lineal y estanca. Todo paquete de datos que se sale de esa “norma” y de ese modo de proceder, es catalogado ipso facto por nuestra mente como algo abstracto, ilusorio, fantasioso o, directamente, irreal y falso. Es por este motivo, entre otros, que la mayoría de personas en este planeta desechan por completo los datos y la información que, en espacios como este o similares, publicamos y damos a conocer de manera pública. En cualquier caso, seas de los que cree que todo esto es falso como de los que cree que todo esto, aunque extraño, puede ser posible, has de entender que es tu mente y su programación la que te induce a ver las cosas de ese modo, lo cual no quiere decir que sea lo correcto, pues entre lo que se cree –inducido por la programación de la mente– y lo real suele existir un gran abismo.